Las Islas Afortunadas, los Campos Eliseos, el Jardín de las Hespérides, la Atlántida .... fueron las primeras denominaciones que se encuentran en los escritos griegos y romanos sobre las Canarias. Se trataba de un archipiélago de origen volcánico habitado por los guanches, raza muy alta, de piel clara, que vivían en los acantilados, en grutas o en pequeños poblados con casas de planta circular. En 1496 se incorporan a la corona de Castilla, tras una serie de luchas en que destacó el valor y la nobleza guanche. Precisamente entonces, las naves de Colón hicieron escala en Gran Canaria y en La Gomera antes de partir al Nuevo Mundo.
En 1496 estos antiguos canarios se incorporaron a la corona de Castilla, y a partir de entonces se mezclaron con los peninsulares o demás españoles, (a los que aún llaman godos). Esta población autóctona presenta una historia interesantísima y misteriosa.
Las islas, de origen volcánico, son parte de la región natural de la Macaronesia junto con los archipiélagos de Cabo Verde, Azores, Madeira y Salvajes. Su clima es subtropical, aunque varía localmente según la altitud y la vertiente norte o sur. Esta variabilidad climática da lugar a una gran diversidad biológica que, junto a la riqueza paisajística y geológica, justifica la existencia en Canarias de cuatro parques nacionales y que varias islas sean reservas de la biosfera de la Unesco, y otras tengan zonas declaradas Patrimonio de la Humanidad Estos atractivos naturales, el buen clima y las playas hacen de las islas un importante destino turístico, siendo visitadas cada año por cerca de 12 millones de personas (11.986.059 en 2007, destacando un 29% de británicos, un 22% de españoles no canarios y un 21% de alemanes).






